Aunque nació en Carolina, Alfredo Figueroa Hernández lleva entre 35 y 40 años residiendo en Trujillo Alto. “Yo soy trujillano”, afirma con orgullo. Su historia profesional comenzó mucho antes de convertirse en comerciante, pues trabaja desde los 14 años y pasó por distintos empleos hasta desarrollarse como contador. Figueroa estudió Contabilidad en la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río Piedras, y ejerció su profesión en la empresa privada. Posteriormente, tuvo la oportunidad de trabajar directamente desde una oficina. El contacto con clientes relacionados con la cocina despertó en él el deseo de crear un proyecto diferente dentro del ambiente culinario.

La idea de La Placita San Miguel comenzó a desarrollarse hace aproximadamente diez años ante la necesidad de ofrecer una mayor variedad de lugares de comida. Inicialmente, fue concebida como un proyecto estilo food truck, pero las situaciones ocasionadas por el huracán María cambiaron su perspectiva. El concepto se transformó en varios vagones divididos en diferentes cocinas y finalmente comenzó operaciones en 2017. Figueroa distingue entre Plaza San Miguel, el centro comercial perteneciente a la familia Maldonado, y La Placita San Miguel, su negocio ubicado al lado. Agradece a la familia Maldonado por brindarle la oportunidad y confiar en él para desempeñar su función actual dentro de la empresa.

El camino para hacer realidad el proyecto estuvo lleno de obstáculos. La idea permaneció en su mente durante años y, cuando comenzó a desarrollarla, enfrentó problemas con la permisología y con los servicios de agua y energía eléctrica. Durante la construcción, en ocasiones llovía cuando ya había alquilado la maquinaria y tenía que pagarla aunque no pudiera completar el trabajo. “Eso es lo que me daba era más fuerza”, recuerda.

A pesar de los muchos tropiezos, nunca pensó en quitarse. Actualmente, los altos costos de las utilidades y la dificultad para conseguir empleados continúan siendo retos. Esta falta de personal incluso ha impedido que el negocio amplíe sus horarios, como han solicitado algunos clientes. Su mayor éxito, sin embargo, no lo mide solamente por el crecimiento del negocio, sino por la relación que ha construido con su clientela. Para él, encontrarse con personas que lo abrazan, se alegran de verlo y le cuentan que disfrutaron su visita representa una gran satisfacción. Considera que esa respuesta es el resultado del cariño, el servicio y la calidad de la comida que han procurado mantener a través de los años.

La familia ocupa un lugar esencial en su trayectoria. En la operación cuenta con su madre, Migdalia Hernández, a quien describe como “la mejor host”; su padre, Alfredo Figueroa; su esposa y mano derecha, Brenda Torres; su hermana, Lizbeth Figueroa; y su hija, Coralis Figueroa, quien colabora mientras realiza su doctorado. También es padre de Xavier Figueroa, de apenas 13 años. Combinar el trabajo con la vida familiar no ha sido sencillo. Alfredo reconoce que las largas horas dedicadas al negocio han reducido especialmente el tiempo que comparte con Xavier. En los días libres, la familia procura aprovechar cada momento y, cuando es posible, deja todo preparado para escaparse por un rato. Para los comerciantes de Trujillo Alto, destaca la excelente relación y cordialidad que existe entre ellos.

En cuanto al desarrollo de Trujillo Alto, reconoce el progreso del municipio, la promoción que ha recibido el pueblo durante los últimos años y las ayudas ofrecidas a los comerciantes. No obstante, entiende que todavía es necesario continuar trabajando con la seguridad, una preocupación que considera presente en todo Puerto Rico. Aun así, describe a Trujillo Alto como un excelente lugar para invertir, con una cultura rica y una comunidad agradecida, alegre, fiestera y fiel.

Su próximo paso también estará en Trujillo Alto. Alfredo trabaja en Casa Alfredo, un nuevo proyecto en la Plaza del Mercado del casco urbano. Será un espacio cerrado y más pequeño, con un concepto de steakhouse, carnes al carbón y opciones diferentes a las que ha ofrecido anteriormente. “Yo creo que no voy a salir de Trujillo Alto”, asegura. Una afirmación que resume su compromiso con el pueblo en el que ha vivido gran parte de su vida, ha desarrollado su profesión y continúa apostando por nuevos proyectos.